Esteban Solari terminó sonriendo y abrazando a sus futbolistas tras el 2-1 de Pumas ante Atlante en el Estadio Banorte, una victoria que su equipo necesitaba con urgencia. Juninho marcó los dos goles universitarios, y el entrenador levantó el brazo en señal de triunfo antes de acercarse a felicitar a sus jugadores. La imagen reflejó el desahogo de un equipo que venía de dos empates y dos derrotas y había perdido terreno en la tabla. Antes de ese partido, Universidad Nacional era 12º con 13 puntos y recibía críticas por su irregularidad. Pero la emoción no alcanza para borrar todas las dudas.
La noche tuvo además un ingrediente emocional extra. Atlante había recordado en las pantallas la final del Apertura 2007, cuando derrotó a Pumas para ser campeón, pero los universitarios respondieron en la cancha. Luis Calzadilla marcó para los azulgranas y Juninho apareció dos veces para darle la victoria al equipo de Solari. La celebración con la plantilla y los cánticos de “¡Goya, Goya!” dejaron una escena de alivio para la afición. Aun así, Pumas debe confirmar la reacción en los siguientes partidos. Y los números todavía piden cautela.
Solari respira, pero sigue presionado
El problema de Pumas en el Apertura 2026 no fue solo la falta de victorias. Solari no repitió el mismo once en las primeras nueve jornadas por lesiones, suspensiones, convocatorias y decisiones técnicas, lo que complicó consolidar una base. Antes de enfrentar a Atlante, el equipo tenía 17 goles a favor y 19 en contra en 11 jornadas: una ofensiva capaz de marcar, pero una defensa que concedía demasiado. Con el triunfo subió a 19 goles anotados, aunque recibió otro y quedó con 20 encajados. Los datos explican por qué este resultado pesaba tanto. Y el contexto no es menor.
Antes de vencer a los Potros, Pumas sumaba tres victorias, cuatro empates y cuatro derrotas. Con los tres puntos llegó a 16 unidades, con cuatro triunfos, cuatro igualadas y cuatro caídas en 12 partidos, y una diferencia de goles de -1. Parte de la afición ha cuestionado el funcionamiento del equipo y las decisiones del cuerpo técnico, y la victoria le da un respiro. Pero hay que separar las críticas de una decisión oficial: no se puede dar por confirmada una salida de Solari. Necesita resultados consecutivos para que la presión no vuelva a crecer. Y el calendario no dará tregua.
Pumas y su calendario exigente
El siguiente reto será visitar a Santos Laguna el miércoles 21 de octubre, por la Jornada 13, en el Estadio TSM Corona. Después recibirá a Tigres el sábado 24 de octubre a las 21:00 horas del centro de México, en el Estadio Olímpico Universitario, y visitará a Puebla el viernes 30 de octubre a las 21:00. Habrá poco descanso entre Santos y Tigres, así que Solari tendrá que gestionar cargas y encontrar una alineación que conserve el equilibrio sin perder capacidad ofensiva. El triunfo ante Atlante es un primer paso, no una garantía. Y lo que viene después es todavía más pesado.
El cierre de la fase regular tampoco da margen: el 7 de noviembre, Pumas recibirá al América a las 21:00 en el Olímpico Universitario, un partido de máxima exigencia por la rivalidad y su impacto en la clasificación, y el 21 de noviembre cerrará en casa ante Monterrey a las 19:00. En ese tramo, Solari deberá mejorar la defensa, sostener el ritmo goleador de Juninho y evitar dejar puntos en partidos que parecen controlados. Entrar entre los ocho primeros dependerá de sumar y de lo que hagan sus rivales. La celebración quedó atrás: ahora Pumas tiene que convertir el alivio en una verdadera pelea por la Liguilla. Y en Ciudad Universitaria, un solo triunfo puede cambiar el ánimo, pero solo una racha cambia el rumbo.







