Los jugadores de Egipto tuvieron una alocada celebración tras conseguir su primera victoria en la historia de los mundiales al vencer 3-1 a Nueva Zelanda en el Mundial 2026. En el video se les ve celebrando de forma eufórica, gritando, saltando y abrazándose después de un resultado que no fue cualquier triunfo: fue la primera vez que la selección egipcia ganó un partido de Copa del Mundo. La escena reflejó desahogo total, porque el equipo venía de años de frustraciones mundialistas y ahora logró una remontada que puede marcar un antes y un después para su generación.

La celebración mostró pura euforia

El festejo llamó la atención porque no fue una celebración tranquila ni protocolaria. Los futbolistas de Egipto se entregaron por completo al momento, con gritos, baile, abrazos y un ambiente de vestidor cargado de emoción. La reacción se entiende porque el triunfo ante Nueva Zelanda no solo dio tres puntos, sino que rompió una barrera histórica para el fútbol egipcio. La euforia también tuvo como protagonista a Mohamed Salah, quien aparece como una de las figuras más celebradas por sus compañeros después de liderar la remontada.

Salah lideró una remontada histórica

Egipto empezó perdiendo el partido ante Nueva Zelanda con gol de Finn Surman, pero cambió por completo en el segundo tiempo. Mostafa Zico empató al minuto 58, Mohamed Salah puso el 2-1 después de una buena combinación y Mahmoud Trezeguet selló el 3-1 con un cabezazo tras asistencia del propio Salah. Con ese resultado, Egipto consiguió su primera victoria mundialista y llegó a cuatro puntos en el Grupo G, después de haber empatado previamente contra Bélgica. La remontada convirtió el triunfo en una noche histórica y explicó la locura del festejo posterior.

Egipto rompió una espera enorme

La dimensión del festejo se entiende mejor al mirar el pasado: Egipto había disputado Mundiales sin poder ganar un partido desde su primera participación en 1934. Por eso, el triunfo ante Nueva Zelanda fue descrito como un resultado histórico para el país africano. Además, el equipo quedó en una posición importante dentro del grupo y ahora depende de sí mismo para pelear la clasificación a la siguiente ronda. La celebración eufórica no fue exagerada: fue la respuesta natural de una selección que acababa de escribir una página que varias generaciones esperaron ver.