Guillermo Ochoa protagonizó uno de los momentos más emotivos de este mundial tras la victoria de México sobre República Checa. Poco después de terminado el duelo, el histórico guardameta realizó un ritual que pocos esperaban: besó ambos postes de la portería antes de colocarse bajo los tres palos. El gesto, que durante años se volvió una tradición para el arquero, fue interpretado por muchos aficionados como una posible despedida de la Selección Mexicana, especialmente después del homenaje que recibió en el Estadio Ciudad de México.
Sus compañeros lo cargaron
Tras el silbatazo final, la emoción continuó. Todos los futbolistas de la Selección Mexicana rodearon a Ochoa y lo cargaron en hombros mientras la afición coreaba su nombre desde las tribunas. Entre aplausos y ovaciones, el cinco veces mundialista agradeció el cariño recibido en una noche que quedará marcada como una de las más especiales de su trayectoria con el Tricolor.
Memo le agradece a su familia
Ya en entrevista post partido para TUDN, Memo dedicó unas palabras a las personas que lo acompañaron durante toda su carrera. "Gracias a ellos (mi familia) pude llegar a este sprint final; muchos momentos de perseverancia, de sacrificio, con el empuje de ellos lo logré; sin su aliento no hubiera sido posible. Muchos momentos de soledad también al final. No fue sencillo, pero valió la pena", expresó con evidente emoción.
No se olvida de la afición
El guardameta también tuvo un mensaje para la afición mexicana, dejando entrever que cerró un ciclo con la camiseta nacional. "Lo tengo que compartir con ellos, con la gente, que al final siempre me demuestran su cariño. Me voy con la cabeza en alto, el equipo sigue, pero en lo personal me voy vacío por haberle entregado todo a la Selección", concluyó Ochoa, poniendo fin a una carrera que lo convirtió en uno de los máximos referentes en la historia del futbol mexicano.







