Gilberto Mora fue la gran sensación de México ante República Checa, pero en las calificaciones de la fase de grupos hubo otros dos nombres que terminaron marcando diferencia real: Raúl Rangel y Julián Quiñones. Mientras Morita se llevó los reflectores por su personalidad con apenas 17 años, el Tala apareció como garantía bajo los tres palos y Quiñones como uno de los futbolistas más influyentes en el ataque del Tri.
Rangel le dio seguridad al arco mexicano
El promedio de Rangel refleja algo que va más allá de una simple calificación: México terminó la fase de grupos sin recibir gol y eso también se explica por la tranquilidad que transmitió el portero de Chivas. El Tala no tuvo que vivir partidos de diez atajadas, pero respondió cuando fue exigido, sostuvo momentos delicados y ayudó a que el equipo de Javier Aguirre jugara con más confianza desde atrás.
Quiñones se convirtió en pieza ofensiva clave
En ataque, Quiñones aparece como uno de los grandes motores de este México perfecto, con calificaciones que lo colocan entre los más destacados del plantel. Su influencia no pasa solo por los goles, sino por cómo rompe líneas, ataca espacios y obliga a las defensas rivales a retroceder. Ante Chequia volvió a marcar y confirmó que hoy es uno de los naturalizados que más peso competitivo le está dando al Tri.
Morita ilusiona, pero México tiene pilares claros
La aparición de Mora es una noticia enorme para el futuro, porque fue titular ante República Checa y dejó detalles de futbolista distinto en una noche histórica. Sin embargo, el paso perfecto del Tri no se explica solo por la joya de 17 años: también está sostenido por un portero sólido, un ataque con pegada y un grupo que aprendió a competir. Si México quiere trascender en los 16avos de final, necesitará que Morita siga creciendo, pero también que Rangel y Quiñones mantengan ese nivel de pilar.







