El regreso de Hirving "Chucky" Lozano a la Selección Mexicana tras meses de ausencia responde principalmente a una agresiva estrategia comercial de la Federación Mexicana de Fútbol, priorizando el impacto financiero por encima del recambio generacional. El extremo de 31 años representa una de las marcas individuales más lucrativas para el balompié nacional; según reportes del diario El Financiero, la sola presencia de Lozano en un proceso mundialista genera ingresos proyectados que superan los 15 millones de dólares anuales en contratos de patrocinio, derechos televisivos conjuntos en Estados Unidos y venta de indumentaria oficial.

La venta masiva de su playera con el dorsal característico promedia precios comerciales de 160 dólares por unidad original, sumando millones de dólares directos a las arcas comerciales compartidas entre la FMF y la marca patrocinadora Adidas. Este poderoso factor económico termina sepultando los méritos deportivos recientes de futbolistas mundialistas como Brian Gutiérrez y el delantero Guillermo Martínez, quienes formaron parte del proceso inicial con Javier Aguirre, pero han quedado completamente fuera del radar y de las convocatorias ante esta urgente necesidad de reactivar la maquinaria de marketing federativa.

La polémica ausencia del Chucky en el Tri

A pesar de su innegable peso monetario, la actualidad en clubes del "Chucky" ha estado inmersa en una profunda inestabilidad que obligó a su transferencia de emergencia al LA Galaxy, donde juega cedido como jugador franquicia. Lozano firmó un contrato histórico con el San Diego FC que lo consolidó como el cuarto futbolista mejor pagado de la MLS, con un salario garantizado de 9.33 millones de dólares por temporada. Sin embargo, severas diferencias y faltas de disciplina provocaron que la directiva de San Diego y el cuerpo técnico lo congelaran y lo borraran por completo de los planes deportivos durante más de siete meses.

El conflicto escaló a tal nivel que el club californiano prefirió mandarlo a préstamo a su rival, el LA Galaxy, aceptando la drástica condición de seguir pagando el 50 por ciento de su sueldo, es decir, cerca de 4.66 millones de dólares, con tal de removerlo de su vestuario. Su rendimiento con los angelinos apenas registra 1 gol y 1 asistencia en 8 partidos disputados durante esta campaña, evidenciando un ritmo de competencia muy lejano a su mejor versión. Las polémicas del atacante no se limitan a los Estados Unidos, ya que arrastra un historial de roces y tensiones en el entorno tricolor que fracturaron su posición en los procesos previos.

Hirving Lozano, un chico problema en México

Su prolongado veto de la selección nacional se originó tras lanzar duras y abiertas críticas públicas en contra del planteamiento táctico del entonces entrenador Jaime Lozano tras caer ante Estados Unidos, sumado a constantes quejas logísticas de transporte e indisciplinas internas en las concentraciones que molestaron a los altos mandos. Analistas de la cadena internacional ESPN recalcaron la naturaleza comercial de este sorpresivo retorno. Su llamado actual bajo las órdenes de Rafael Márquez obedece a una última oportunidad de redención en la que el futbolista se ve obligado a demostrar un estricto autocontrol para no sabotear la armonía interna del grupo.

El principal pilar deportivo que sostiene su retorno es la estrecha y añeja relación profesional que mantiene con el actual timonel, Rafael Márquez, a quien conoce a la perfección desde el vestidor del Mundial de Rusia 2018. En aquella Copa del Mundo, Márquez fungió como el capitán y líder moral del plantel mientras un joven Lozano alcanzaba la cúspide de su carrera al anotar el histórico gol del triunfo ante Alemania. Ese vínculo histórico y de mutuo respeto es la gran apuesta del estratega michoacano para intentar rescatar la disciplina del extremo, cobijándolo en un momento donde la crítica deportiva presiona con fuerza.