Óliver Torres quedó en medio de la polémica durante el América contra Monterrey, después de una acción sobre Santiago Ramos Mingo que provocó reclamos por una posible expulsión. Se mira un pisotón del mediocampista español al defensor azulcrema, pero el futbolista de Rayados no recibió tarjeta roja. La ausencia de una revisión pública en el monitor abrió otra discusión: qué exige realmente el reglamento para expulsar por una entrada de este tipo y cuándo está autorizado a intervenir el VAR.
El episodio ocurrió en una noche especial para las Águilas, que enfrentaban a Monterrey en el Estadio Banorte durante los festejos de sus 110 años. Ramos Mingo llegaba al compromiso con la posibilidad de estrenarse oficialmente en Liga MX, después de que se perfilara para ganar un lugar en la defensa de Guillermo Almada. Por eso, una entrada sobre el argentino concentró la atención: el debate no es únicamente si hubo contacto, sino si su intensidad ameritaba que Torres dejara a Rayados con diez futbolistas.
La Regla 12 de la IFAB contempla la expulsión por pisotones peligrosos
La Regla 12 de la IFAB distingue tres escenarios. Una entrada imprudente puede sancionarse con tiro libre sin tarjeta; una acción temeraria, que ignora el riesgo para el adversario, merece amarilla; y una disputa que emplea fuerza excesiva o pone en peligro la integridad del rival debe castigarse con roja directa por juego brusco grave. Así, un pisotón puede justificar la expulsión, pero no todo contacto con los tachones se convierte automáticamente en tarjeta roja. La posición del pie, la fuerza y la forma de disputar el balón son determinantes.
También importa diferenciar una jugada accidental de una acción que expone al adversario a un peligro serio. El árbitro tiene que valorar el movimiento completo y no solamente una imagen congelada del momento del impacto. Si la entrada de Torres reunía las condiciones de juego brusco grave, el videoarbitraje podía intervenir para recomendar una revisión por posible expulsión directa. Si fue considerada una falta temeraria merecedora solo de amonestación, el procedimiento cambia por completo. Esa frontera reglamentaria es precisamente la que explica por qué ver un pisotón no garantiza que el central acuda al monitor.
El protocolo del VAR explica por qué no todas las faltas pueden revisarse
El protocolo VAR 2026-2027 permite revisar posibles tarjetas rojas directas cuando hay un error claro y manifiesto o un incidente grave inadvertido. No autoriza, en cambio, llamar al árbitro simplemente para mostrar una amarilla que no sancionó, aunque sí contempla corregir una segunda amarilla claramente equivocada que haya producido una expulsión. Además, las acciones revisables se comprueban inicialmente desde la cabina: que el silbante no vaya a la pantalla no demuestra que el VAR haya ignorado la jugada. Sin el audio arbitral, no puede precisarse qué valoración realizaron.
La discusión tiene un antecedente reciente entre estos mismos clubes. En el Clausura 2026, Víctor Dávila pisó al portero de Monterrey, Luis Cárdenas, y recibió amarilla; el exárbitro Fernando Guerrero sostuvo entonces que correspondía la expulsión y que el VAR debía intervenir. Ahora los papeles se invirtieron con la acción de Torres sobre Ramos Mingo, pero la exigencia reglamentaria sigue siendo la misma: determinar si hubo riesgo grave para el rival, no sancionar únicamente por la apariencia del contacto. Una explicación arbitral oficial permitiría aclarar por qué se mantuvo la decisión de campo.








