Guillermo Ochoa pudo haber vivido uno de sus últimos grandes momentos con México callando bocas en la goleada ante República Checa, porque después de tantos años de críticas por su juego con los pies, terminó siendo clave en una acción ofensiva del Tri. En la jugada del tercer gol, el despeje largo de Memo inició la secuencia que terminó con la definición de Álvaro Fidalgo, una postal perfecta para un arquero que siempre fue señalado por esa faceta y que respondió en un escenario mundialista.

Memo respondió donde más lo habían criticado

Durante mucho tiempo, a Ochoa se le reconoció por sus reflejos, sus atajadas y su liderazgo, pero también se le cuestionó por no ser un portero tan fino en salida. Por eso la jugada ante Chequia tuvo un valor especial: no fue una atajada espectacular, sino una acción simple, directa y útil que rompió líneas desde el fondo. El despeje no solo alivió la presión, también terminó siendo el primer paso de un gol que levantó al estadio.

La ovación hizo más emotivo el momento

El partido también tuvo una carga emocional enorme para Memo, quien llegó a este Mundial como uno de los futbolistas más experimentados de la lista de Javier Aguirre. La afición mexicana ya le había mostrado cariño con cánticos como “olé, olé, olé, olé, Memo, Memo”, una muestra de que su figura sigue pesando más allá del debate deportivo. En una Copa del Mundo donde Raúl Rangel tomó protagonismo, el veterano arquero encontró una forma distinta de dejar huella.

Una despedida con sabor a revancha

Aunque no existe un anuncio oficial que confirme su retiro inmediato, el partido ante República Checa sí se sintió como una escena de cierre para una leyenda mexicana. Ochoa forma parte del selecto grupo de jugadores que alcanzaron seis Mundiales y su historia con el Tri está marcada por noches gigantes bajo presión. Si este fue uno de sus últimos capítulos, lo hizo a su manera: recibiendo cariño, participando en una goleada y demostrando que todavía podía responder incluso en el aspecto más criticado de su juego.